02.10.13

“Me siento como un bicho raro”

Entrevista d’El Mundo a Pedro Gil, capità de la selecció espanyola d’hoquei patins

MADRID, 6 de octubre de 2011
No está cómodo con el traje. «¡Si es que nunca me pongo uno! Fíjate que le he pedido los zapatos a mi padre porque no tenía ningunos así de vestir». Y en cuanto acaba la entrevista, Pedro Gil se pone unos vaqueros blancos y una camiseta gris. «Ahora sí soy yo», sonríe el capitán de la selección española de hockey sobre patines, el equipo español más laureado de la historia, cinco Mundiales -el último el pasado domingo en Argentina-, y seis Europeos en los últimos 12 años, justo el tiempo que lleva Pedro dentro del equipo.

Juega en el Oporto, está considerado el mejor delantero del mundo y como tal vive en la zona de los mejor pagados en esto del hockey -«los que más cobran están entre 50.000 y 72.000 euros al año», cuenta-, pero al margen de eso se sienta en el sofá de una de las salas del CSD (Consejo Superior de Deportes) un tipo diferente. Acaba de recibir la Medalla de Oro al Mérito Deportivo, pero se marcha pelín disgustado porque no pudo saludar a ninguno de los futbolistas de la selección española, que recibían la misma distinción que él. No pasa nada. Otra vez será. Habla alguien realmente diferente. Un bicho raro.

«Sí, a veces me siento así», reconoce. ¿Motivos? En un vistazo a las fotos de la selección española celebrando el título el pasado lunes, llamaba la atención que sólo había una bandera de España. La llevaba Pedro. «¡Claro! Soy catalán, pero me siento español», inicia, en un relato tan natural que sorprende. «Yo nací en Cataluña, pero toda mi familia viene de Cañete la Real, un pueblo de Málaga. Siempre hemos hablado castellano, mis tíos, mis padres, mis abuelos… Todos. Además, como el catalán es tan suyo…», cuenta sin aspavientos. Y resulta que a Pedro, el niño de esa familia de emigrantes andaluces, le dio por el hockey, un deporte marcado por el nacionalismo, beligerante como ningún otro en la pelea por conseguir que las selecciones catalanas participaran en competiciones internacionales -lo intentaron sin éxito en los años 2004 y 2005-.

«Yo vivía enfrente del pabellón donde jugaba el Noia, y un amigo jugaba al hockey. Los dueños del restaurante donde trabajaba mi madre me prestaron algo de material de sus hijos mayores, y así empecé». Así que Pedro, el tercero de cuatro hermanos, hijo de un albañil y una cocinera, se fue convirtiendo en un excelente jugador. Y llegó a la selección en 1999. Se encontró con que sus compañeros, la mayoría, preferían jugar con Cataluña. «Al principio no lo entendía. Yo les decía: ‘¿Qué hacéis aquí si no os sentís españoles?’ Ellos me decían que era la única manera de jugar un Mundial o un Europeo, y tienen razón, claro. Aunque no lo sientan, tienen que jugar con España», cuenta. El paso del tiempo, la madurez, le hizo ser comprensivo con la ideología de sus compañeros. De hecho, con ellos, y con la mayoría de sus amigos, él habla catalán, en eso no hay problema.

«En la vida moderna hay que ser respetuoso con todo el mundo, mientras no se pasen con nada. Ellos piensan que soy yo el que está equivocado, que como soy de allí tengo que ser catalán. Pero España es lo primero, porque Cataluña forma parte de España, les guste o no», afirma el marido de Noelia, el padre de Kilian y de Luna, todos en Oporto esperándole pues allí se fue a probar suerte en el año 2000. Estuvo siete temporadas, volvió un par de cursos y en 2009 regresó a Portugal, donde el hockey es el segundo deporte tras el fútbol. De repente, aparece en la conversación de nuevo la frase: «Me siento como un bicho raro». ¿Por qué? «He escuchado de todo. Cuando voy a jugar a Cataluña me dicen de todo. Me dicen que soy un facha, un skin, un neonazi, y todo porque me siento español, porque me gusta jugar con la selección española y porque cuando ganamos saco la bandera de España y soy el único que lo hace. Por eso sí me tratan un poco mal, pero me da igual. No tengo porqué esconderlo, como tampoco escondo que soy del Real Madrid».

Porque claro, lo que le faltaba, encima ser del Madrid. «Desde pequeñito», insiste. Da fe el enorme escudo que lleva en su bíceps izquierdo, camuflado, eso sí, pues son más de 30 los tatoos a modo de adorno. Se hizo el primero -una telaraña con su araña y todo- a los 16 años. Sus padres no los descubrieron hasta que terminó la mili en Tenerife. «Le dije a mi madre que se quitaban en dos años. Luego le tuve que decir la verdad, claro», cuenta, divertido, alguien que lleva dragones, tigres, leones, los nombres de sus hijos, la inicial de su mujer, vikingos, el número con el que juega [9], a Jesucristo… Y no piensa parar, sólo faltaba, «porque esto es como un vicio. En cuanto ves un hueco libre, dices: ‘aquí hay que hacer algo’». Su madre, a la que ya no sorprende nada de su muchacho, le llama El Álbum.

Por si alguno tenía dudas, es muy de Cristiano y muy de Mourinho. «Ha demostrado ser un gran entrenador y lo va a demostrar también en el Real Madrid. Ahora estamos más cerca que nunca del Barça, porque hasta que llegó él nos pegaban unos repasos que no veas». Por cierto, que el Madrid lo ha invitado a hacer un día el saque de honor en el Bernabéu. La primera fecha era el próximo día 15, contra el Betis, pero no puede porque tiene la Supercopa portuguesa. Buscarán otra fecha. «Sí, quedamos en hablar». ¿Quién le llamó? «No sé, con los nervios no me acordé ni de preguntarle el nombre».

Es uno de los premios que más ilusión le ha hecho. Porque está acostumbrado a que nadie se acuerde de ellos. «Nos sentimos un poco ninguneados, mediáticamente poco seguidos. Pero, vamos, que lo aprendes desde bien pequeño, y no nos importa, pero hombre, ¡que por la tele sólo den la final del Mundial!…», habla representando a sus compañeros de selección, amigos, con los que charla en catalán «sin ningún problema», insiste. Están enfadados con Zapatero, y mucho. «Dijo que la selección de baloncesto era la mejor de la historia cuando no lo es. Nosotros hemos ganado cinco Mundiales, seis Europeos, hemos perdido un partido en 12 años… Es algo que el deporte español no sé si va a volver a repetir». De momento, ellos ya piensan en el Europeo de Oporto, en 2012. Él piensa, claro, en castellano.